
Entiendo la mezcla como la capacidad de emocionar al oyente, reforzando la identidad de cada canción y llevándola hacia el sonido que buscabas.
Más de 168 millones de reproducciones acumuladas, un Disco de Oro certificado y trabajos para artistas publicados por Sony Music, Warner Music, Universal Music, Atlantic Records y AWAL entre otros.
Mi trabajo no parte de una fórmula ni de una idea rígida de lo correcto. La técnica es una herramienta, no el destino: la utilizo cuando ayuda a la canción y la dejo a un lado cuando la emoción, la intuición o el carácter piden otra cosa. Mezclar, para mí, es tomar decisiones creativas que respeten la obra, refuercen su identidad y la hagan avanzar sin perder aquello que la hace única.


Consiste en escuchar, respetar, aportar y decidir siempre a favor de la música. Me obsesiona la inteligibilidad, la profundidad y el espacio para que cada elemento mantenga su función sin perder el mensaje original. Trabajo en comunicación constante con el artista y el productor, con plazos claros y total apertura a las revisiones. Las correcciones forman parte del proceso, y también la honestidad de decir cuándo una decisión puede sumar o restar.

Trabajo siempre con fechas cerradas para que sepas desde el principio cuándo recibirás tu mezcla y puedas organizar con tranquilidad todo lo que viene después: feedback, mastering, videoclip o lanzamiento.

Las revisiones forman parte del proceso. No las entiendo como una corrección a mi trabajo, sino como el camino para acercarnos todo lo posible a lo que quieres escuchar. Tu música va a acompañarte siempre, así que quiero que estés realmente seguro del resultado.

Durante todo el proceso estoy cerca, escuchando, proponiendo y adaptándome a tu visión. La confianza y la comunicación son esenciales para trabajar en equipo. Quiero que el proceso sea claro, cercano y que cada decisión nos acerque a una mezcla con la que te sientas plenamente identificado.



Soy Javier, ingeniero de mezcla en Zaragoza. Llevo más de veinte años en la música desde lugares muy distintos, y esa amplitud de experiencias me ha dado algo que hoy considero fundamental en mi trabajo: muchas formas diferentes de escuchar y entender la identidad de cada canción.
Empecé en la cultura del hip hop, cuando conseguir instrumentales propias no era precisamente fácil. Ripeábamos las caras B de los vinilos, donde muchas veces estaban las instrumentales de nuestros discos favoritos, para tener algo sobre lo que rapear. Así que empecé a producir las mías por necesidad. Luego fue por diversión. En aquel momento jamás pensé que acabaría dedicándome a esto: simplemente jugábamos, probábamos cosas, hacíamos música, era así de simple.
Después descubrí el punk y el hardcore, me colgué una guitarra y acabé en un power trio. Como no teníamos un duro para entrar en un estudio, compré un micro de mierda, abrí el mismo DAW con el que ya producía y empezamos a grabarnos nosotros mismos. Poco a poco fui intentando mejorar aquellas grabaciones precarias, y en algún momento del proceso me enamoré de lo que, años después, acabaría convirtiéndose en mi oficio y en una forma de vida: la mezcla.
Mas tarde llegó la electrónica, el hardware, las cajas de ritmos, los sintetizadores, las free parties y bastantes noches en las que dormir parecía opcional. Todo ese recorrido por músicas, escenas y formas de trabajar muy distintas —y con personas también muy distintas— sigue formando parte de cómo escucho hoy. Y, por consecuencia, de cómo mezclo.
Hoy trabajo desde mi estudio en El Gancho, el barrio de Zaragoza donde vivo y al que estoy muy unido, para artistas de cualquier parte del mundo.
Cuando no estoy mezclando, probablemente esté escalando, entrenando artes marciales, paseando con Greca (mi perrita) o tomando una cerveza por aquí con mi mujer y colegas.
